»y en la calma soberana de un solemne mediodía junta penas y alegrías de la vida cotidiana«
jueves, 26 de mayo de 2011
Marianne da mil vueltas en la cama pero no consigue dormir. Su cabeza no deja de maquinar y eso le impide cerrar los ojos. Se siente sola y le duele muchísimo la cabeza. Ni hablar de que no deja de toser haciendo que le arda la garganta. Marianne piensa que, quizás, hubiera sido bueno dormirse y no volver a despertar. Se siente vacía y cree que nadie puede entenderla. Llora en silencio, para que su mamá no la escuche desde la cocina. Quiere llorar fuerte, con congoja, para largar todo el dolor que tiene dentro. Escucha los árboles moviéndose a causa del fuerte viento que trae el invierno. Y de repente deja de llorar, y siente la almohada húmeda. Se abraza a ella misma y piensa que nada va a hacerla más feliz que ver a su mejor amigo, al hombre que más amó. Piensa que con él todas las penas se van, y quiere verlo. Piensa en su sonrisa y sus palabras, y más ganas de verlo. Se abraza con más fuerza, se tapa hasta la cabeza y cierra los ojos, lista para ver a su abuelo.
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