Ese día al irte, al irnos, te fugaste de mi vida. Me dí cuenta que el verano ya había pasado y con eso nuestro tiempo, si es que alguna vez lo fue. Ese día quise explicarte muchas cosas, pero principalmente esa multitud de porqués que se habían atascado en mi silencio. Pero esos porqués eran excusas mejor elaboradas. A vos jamás te iban alcanzar ni aún la mejor de mis razones. Sobre todo aquello, estaba mi temor de que ibas a terminar haciéndome mal, no porque seas culpable de algo, sino porque mi frustración iba a terminar dañando lo poco, o mucho, que teníamos. Por eso mi ausencia. Por eso mi distancia. Por eso mi llanto.
Tengo la certeza de que siempre tendré un gracias para vos. Tengo la certeza de que esto es quizás demasiado para vos. Pero nunca pude decirlo sin esperar nada hasta hoy. Y te vas acostumbrar a no buscarme, porque no me vas a encontrar. Te vas acostumbrar a comenzar el día solo, porque yo no estaré. Te vas acostumbrar a no esperar mis llamadas, porque no te llamaré. Yo me acostumbraré a no escribir tu nombre junto a un corazón. Me voy acostumbrar a andar como una loba por ahí, sin tener que rendir cuentas a nadie.
Hay cosas que no queremos que ocurran, pero las tenemos que aceptar. Cosas que no queremos saber, pero las tenemos que aprender. Y personas sin las que no sabemos vivir, pero tenemos que dejarlas ir.
Esa frase que nos gustaba, ‘No matter what.’ La tuve atravesada durante todos los días de nuestros días, en un sin-motivo más que decirte que fuiste la única cosa buena de una mala-etapa de mi vida.
Experimenté mi primer beso de amor, de novela. Los primeros miedos. El primer nunca te vayas. El primer adiós con sabor a ojalá no sea para siempre. El primer eres mía. El primer te quiero. La primera sonrisa. La primera lágrima. La primera discusión. El primer abrazo. Los primeros celos. El primer te agarro y no te suelto pero con mi mano detrás. Y el primer el mundo me da igual si estás tú. La primera reconciliación. La primera noche bailando en tus brazos. La primera vez que
miró a otra, luego me miró y sonrió. Esa vez que no paraba de repetirme que quería verme. O aquella otra que me dijo te echo de menos, no te rindas. La primera vez que le hice cosquillas. La primera vez que no parábamos de reír. Los primeros esto no tendrá fin. La primera vez que calentó mis manos con
su calor y se rió de mi nariz helada. La primera foto dándonos un beso. La primera vez que hacíamos el amor. Y la primera, segunda, tercera, cuarta e infinita vez que todo esto se repitió.
Tuve razones para escribir, y eso, para mi significa todo. Y nunca seremos lo que quise, porque no fui lo suficiente buena, porque tu silla sigue en ese mar donde mis porqués no navegan.
Cuando leas esto, quizás ya no tenga sentido, pero sábelo:
No matter what, I got your back.