martes, 22 de abril de 2014

pequeñas mentiras blancas

Cuando alguien te da un cumplido, la persona sonríe, lo acepta, lo agradece infinitamente, se siente bien consigo mismo y con el mundo, el humor se le levanta un poco. Algo tan simple como un "Estás linda" o "Qué lindo pelo" pueden hacer tu día. Sin embargo, no me considero una persona normal dentro de ese término. Es que cuando alguien me da un cumplido simplemente quiero devolvérselo, y no en el buen sentido de la palabra. Quiero decirle "No, no, callate, no me digas nada, gracias" y esconderme tres metros bajo tierra. Me da vergüenza, siento que es una burla, una joda, que no es más que una mentira para sonsacarme algo. Sí, así de mucho me quiero a mí misma. No lo creo, no quiero creerle, porque mi autoestima siempre estuvo ahí, por los suelos, y es bastante difícil hacer que se levante. Por eso hoy cuando entre palabra y palabra él dijo algo como "Tu letra es hermosa, vos sos hermosa, basta" y siguió inmerso en su conversación, yo no me detuve a pensar que fue un halago. En el contexto en que lo dijo posiblemente haya sido puramente estratégico, y yo termine haciendo el trabajo que me pedía (algo acerca de Checoslovaquia, Stalin y sus sociedades humanizadas); sin embargo, una lucecita se prendió en mi corazón y me susurró que por ahí, él percibe algo en mí que le parece hermoso. Esa lucecita se fue esparciendo por todo mi organismo a medida que el tiempo iba pasando y nuestras miradas a veces se encontraban. Quise creerle, quiero creerle, porque él realmente me importa. Me importa lo que piensa de mí, de los demás, de los chinos, del mundo. Me importa todo de él porque yo le importé. Obviamente durante un largo tiempo dejé de importarle, pero eso va a ser otra entrada.
La cuestión es que hoy me permití sonreír por sus palabras y pensar que el destino lo escribimos nosotros mismos.  

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